Proyecto tutorial
(1.987 - 1.988
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Proyecto formativo
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   Proyecto tutorial (1.987-1.988)    
     
 
Teniendo en cuenta la preocupación que en torno a la situación de la escuela manifestaban un grupo de enseñantes y psicólogos allá por el curso 87- 88, a iniciativa de Jose Luís de la Mata y Teresa Gil, profesores de la UPV, se pone en marcha una experiencia innovadora de intervención en la hora dedicada a tutoría en diversos centros de enseñanza de Gipuzkoa. Se trataba en general de dotar de contenido y crear un espacio más activo en cuanto a dinámica y relación entre los alumnos y el tutor con el objetivo de tratar temas propios de su conflictiva necesaria en su proceso de desarrollo y como intervención con carácter propiamente preventivo de rigidificaciones o inercias de inmovilidad al cambio y crecimiento.

Por otra parte, el planteamiento de intervención que se ofrecía servía de instrumento de acercamiento a los enseñantes que ante el aumento de conflictividad personal y de relación en edades cada vez más tempranas hacía urgente un abordaje más específico de los problemas psicosociales y psicopedagógicos desde dentro de la propia escuela como acción preventiva de fenómenos y manifestaciones enmarcadas dentro de lo que venía denominándose como Síndrome de Burn-out. Éramos conscientes de que el entusiasmo educativo del docente en aquel momento junto con las exigencias o sobreexigencias sociales no era sostenible si no se iban desarrollando elementos de ayuda que dotaran a los enseñantes de recursos para poder ubicarse como técnicos desde una disposición de escucha y análisis profundo de las situaciones y desde una disposición de enseñar aprendiendo (doble entrada).

La puesta en practica de esta experiencia como hemos dicho comienza el curso 1987-1988 y se mantiene en diversos centros hasta el curso 1990-1991 (cuatro cursos).

El diseño en cuestión consistía en aprovechar la hora dedicada en los centros a tutoría y desarrollar una actividad donde los objetivos de cada una de las sesiones, las actividades a desarrollar, los tiempos y los coordinadores estaban bien organizados y definidos a fin de ofrecer un marco consistente de contención e intervención. Según el número de alumnos de cada clase el grupo se dividía en dos subgrupos: uno cuya actividad se enmarcaba más en dinámica de grupo y el otro subgrupo cuya actividad se enmarcaba en lo que llamábamos talleres de expresión. En cada uno de estos subgrupos había dos coordinadores uno de los cuales era el tutor. Los otros eran psicólogos que voluntariamente realizaban este apoyo. El tutor siempre se ubicaba en el subgrupo de dinámica y normalmente era el que participaba como dinamizador y a la vez desde la contención ante las actividades propuestas y emergentes grupales, y el psicólogo colaborador desempeñaba la función de recoger en el cuaderno del grupo los detalles más significativos de cada sesión. No obstante estos roles podían intercambiarse.

Durante estos cuatro cursos, nuestro trabajo transcurrió por distintas fases: desde la preocupación dirigida a la definición de los objetivos, planteamientos teóricos y técnicas de trabajo; pasando por una fase extensiva de la actividad a otros maestros/as de nuestras escuelas, y terminando dando prioridad a los estilos de relación entre los propios coordinadores y su incidencia en la dinámica grupal.

Teniendo en cuenta la dinámica entre coordinadores se pudo constatar una relación de competitividad entre los coordinadores docentes y los psicólogos que necesariamente obstaculizaba el desarrollo de la práctica propuesta.
 
   
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