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  « Constitución del Sujeto  
   Melanie Klein    
     
 
Nació en Viena en 1882 pero conoció a Freud recién en 1910, cuando se mudó a Budapest. Leyó a Freud, se analizó con Ferenczi y comenzó a especializarse en el análisis de niños. Si bien esto era una aventura en aquellos tiempos, Abraham y Ferenczi quedaron fascinados con sus descubrimientos, los cuales se realizaron en principio a partir del análisis de sus propios hijos. En 1919 empezó a publicar sus resultados clínicos, contando con el apoyo de Abraham y Alix Strachey, quien simpatizó mucho con ella. Admiraba la vitalidad, la energía erótica y el poder retórico de Klein. Presentó algunos trabajos en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín donde provocó gran alboroto, aunque sus presentaciones eran "especialmente brillantes", según Strachey. La partidaria de Klein también expresó que si la analista iba a Viena a leer sus trabajos sin duda encontraría la oposición de Anna Freud, "esa sentimental abierta o secreta", con lo que sentaba las bases de los debates que surgirían cuando Klein se mudó a Inglaterra.

Aunque era muy controvertida adonde fuese, en general provocaba la admiración por la técnica del juego que empleaba en el análisis con niños. Sostenía que era el mejor modo, a menudo el único, de hacer emerger las fantasías del niño para poder interpretarlas, y estaba dispuesta a ser franca con sus pequeños pacientes. El desarrollo de su técnica clínica tuvo una sólida base metapsicológica: postuló la aparición del complejo de Edipo y del superyó en una etapa muy anterior a la propuesta por Freud. Para ella el mundo interno del niño es una masa de fantasías destructivas y angustiosas. Si para Freud el niño es un salvaje egoísta, para Klein es un caníbal asesino. Si al principio Freud se mostró escéptico, en 1927 su postura estaba más definida: "Algo que en todo caso puedo revelarle es que la concepción de Frau Klein sobre la conducta del yo ideal en los niños me parece totalmente imposible y está en contradicción con todos mis supuestos", le escribió a Jones. Le decía a sus seguidores cuan incomprensibles y "desviadores" eran los aportes de la analista, que era la forma característica que él y Anna tenían para indicar la más severa desaprobación. En el debate entre Melanie y Anna, a Freud le fue imposible ser neutral. De todos modos, la influencia de Klein en Londres era enorme. Allí la llamaban "Sra. Klein", una formalidad que se mantuvo aún después de su muerte.

Sin embargo todo ese respeto no hizo que su vida familiar fuera más feliz. Uno de sus hijos varones murió en un extraño accidente de montaña que sugería un suicidio. Y su hija, que fue psicoanalista durante un tiempo, y que había recibido poco afecto de su madre, participó de la guerra contra ella que se estableció en la Sociedad Psicoanalítica Británica.
 
   
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